Cada vez nacen menos niños: ¿qué está pasando con la familia y la natalidad en el mundo?

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La caída de la natalidad se ha convertido en uno de los grandes fenómenos demográficos del siglo XXI. El aplazamiento de la maternidad y la paternidad, el costo de criar hijos, la vivienda, los cambios en las relaciones de pareja y las transformaciones sociales forman parte de un debate que también ha llegado a escenarios políticos como el Senado argentino.

El mundo está atravesando una transformación demográfica profunda. De acuerdo con las proyecciones de Naciones Unidas, la población mundial todavía continuará creciendo durante varias décadas, pero alcanzaría un máximo de aproximadamente 10.300 millones de habitantes hacia mediados de la década de 2080, antes de comenzar a disminuir lentamente. En 2024 la población mundial se estimaba en unos 8.200 millones.

Uno de los principales factores detrás de esta transformación es la reducción de la fecundidad. Naciones Unidas señala que más de la mitad de los países y territorios ya registran una fecundidad inferior a los 2,1 hijos por mujer, considerada la tasa de reemplazo poblacional en ausencia de migración.

Colombia también enfrenta una fuerte caída de los nacimientos

Colombia no es ajena a esta transformación demográfica. Según las cifras más recientes del DANE, en 2025 se registraron 433.678 nacimientos, lo que representó una disminución del 4,5 % frente a 2024, cuando se contabilizaron 453.901 nacimientos. La tendencia viene de varios años atrás: en 2015 el país registraba cerca de 661.000 nacimientos, mientras que una década después la cifra se redujo en más de 200.000. Además, el DANE reportó que la tasa global de fecundidad llegó a aproximadamente 1,0 hijo por mujer en 2025, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer.

La caída también se observa entre las adolescentes y mujeres jóvenes. Los datos oficiales muestran una reducción sostenida de las tasas específicas de fecundidad, especialmente entre las mujeres de 15 a 19 años. Este comportamiento plantea nuevos desafíos para Colombia en materia de envejecimiento de la población, mercado laboral, pensiones, educación, salud y sostenibilidad económica, al tiempo que abre el debate sobre cuáles son las razones por las que las nuevas generaciones están teniendo menos hijos.

Matrimonio y maternidad cada vez más tardíos

Uno de los fenómenos asociados a la disminución de los nacimientos es el retraso en la formación de parejas y en la llegada del primer hijo.

La OCDE señala que la edad promedio de las mujeres al momento de dar a luz pasó de 28,6 años en 2000 a 30,9 años en 2022 en los países miembros. La organización también relaciona las menores tasas de fecundidad con factores como el costo de la vivienda, la crianza, la incertidumbre laboral, la educación y la dificultad para conciliar el empleo con las responsabilidades familiares.

El fenómeno no significa necesariamente que las personas hayan dejado de querer formar una familia. Un informe publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en 2025 encontró que muchas personas no están teniendo el número de hijos que desean debido a obstáculos económicos y sociales.

Entre los factores mencionados aparecen el costo de vida, la vivienda, la inseguridad laboral, el costo del cuidado infantil, el temor al futuro y la dificultad para encontrar una pareja adecuada.

¿La educación de las mujeres y el feminismo están detrás de la caída de la natalidad?

Este es uno de los puntos más controvertidos del debate.

Algunas posiciones, como las planteadas por la licenciada Romina A. Cáceres en una exposición realizada en el Senado argentino, interpretan los cambios culturales de las últimas décadas como parte de una transformación que habría debilitado los vínculos familiares y reducido el interés por el matrimonio y la maternidad.

Sin embargo, atribuir la caída mundial de la natalidad exclusivamente al feminismo o a la incorporación de las mujeres a la educación y al mercado laboral no coincide con la explicación multifactorial que presentan los estudios demográficos.

La OCDE señala que el aumento de la educación y participación laboral femenina puede influir en las decisiones sobre maternidad porque aumenta el costo de oportunidad de abandonar o reducir una trayectoria profesional. Pero también encuentra que cuando existen condiciones que permiten combinar trabajo y familia, la relación entre empleo femenino y fecundidad puede ser positiva.

Esto abre una discusión diferente: ¿el problema es que las mujeres estudien y trabajen, o que las sociedades todavía no ofrecen suficientes condiciones para compatibilizar empleo, pareja y crianza?

El debate sobre los anticonceptivos

Otro de los argumentos planteados en este debate sostiene que los anticonceptivos hormonales producirían cambios profundos en el cerebro y en la psicología de las mujeres, modificando incluso la elección de pareja y la percepción del peligro.

Estas afirmaciones deben ser tratadas con cautela.

Sí existen investigaciones que estudian posibles efectos de los anticonceptivos hormonales sobre el estado de ánimo. Una revisión sistemática publicada en 2024 encontró asociaciones variables dependiendo del método y de las características de las mujeres estudiadas, incluyendo posibles aumentos o disminuciones de determinados síntomas.

Pero otra revisión y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados, que incluyó 5.833 participantes, no encontró que los anticonceptivos hormonales provocaran un empeoramiento general de los síntomas depresivos frente a placebo. Los propios investigadores señalaron que todavía existen limitaciones y que se necesitan más estudios, especialmente en usuarias jóvenes y mujeres que utilizan anticonceptivos por primera vez.

Por lo tanto, no existe evidencia suficiente para afirmar que los anticonceptivos estén provocando por sí mismos la actual crisis demográfica mundial o que determinen qué tipo de pareja elige una mujer.

¿Existe una estrategia de Naciones Unidas para reducir la población mundial?

Esta es otra afirmación que requiere distinguir entre hechos y opiniones.

Naciones Unidas efectivamente trabaja con proyecciones demográficas, planificación familiar, salud reproductiva y tendencias de fecundidad. Sin embargo, sus propias proyecciones muestran que la población mundial todavía crecerá desde los aproximadamente 8.200 millones de habitantes registrados en 2024 hasta unos 10.300 millones a mediados de la década de 2080.

Por ello, afirmar que existe una «maquinaria de propaganda» de Naciones Unidas creada para reducir urgentemente la población mundial requeriría evidencia documental específica que demuestre esa política o estrategia. Las fuentes demográficas consultadas no permiten presentar esa afirmación como un hecho establecido.

Pantallas, redes sociales y el entorno familiar

Otro elemento de la discusión es el crecimiento del tiempo que niños y adolescentes pasan frente a teléfonos, computadores, videojuegos y otras pantallas.

Las investigaciones sí han encontrado relaciones entre un uso elevado de medios digitales y algunos problemas de salud mental en adolescentes. Una revisión sistemática publicada en 2024, que analizó 32 estudios realizados en 14 países, encontró asociaciones entre mayor uso de pantallas y problemas internalizantes, al tiempo que destacó el papel protector de relaciones familiares positivas y de una crianza adecuada en el manejo de los medios digitales.

También existe preocupación por la exposición de menores a contenidos sexuales en internet. Una revisión sistemática sobre adolescentes encontró una asociación entre exposición a pornografía y una edad más temprana de inicio de relaciones sexuales en varios estudios, aunque los investigadores advierten que la mayoría de las investigaciones son observacionales y que no permiten establecer una relación causal definitiva.

Por eso, resulta más preciso hablar de los riesgos de una exposición temprana y no supervisada a contenidos sexuales que afirmar que existe un programa organizado para adoctrinar a los niños contra la familia.

Una transformación que va más allá de una sola causa

La disminución de la fecundidad mundial parece responder a una combinación de factores económicos, culturales, tecnológicos y personales.

El aumento de la educación, la disponibilidad de métodos anticonceptivos, el retraso de la maternidad y la paternidad, el costo de la vivienda, la inseguridad laboral, las nuevas expectativas sobre las relaciones de pareja, la distribución de las tareas de cuidado y los cambios en las preferencias personales forman parte de un fenómeno complejo.

El verdadero debate, por tanto, no parece limitarse a preguntar si las personas quieren o no tener hijos, sino qué condiciones están haciendo que muchas personas retrasen, reduzcan o abandonen sus proyectos de formar una familia.

La discusión planteada por Romina A. Cáceres en el Senado argentino vuelve a poner sobre la mesa preguntas que generan controversia: ¿está cambiando la manera en que las nuevas generaciones entienden el matrimonio?, ¿qué papel desempeñan las nuevas tecnologías?, ¿cómo han cambiado las expectativas de hombres y mujeres?, ¿y qué pueden hacer los Estados para facilitar que quienes desean tener hijos puedan hacerlo?

Son preguntas que requieren debate público, pero también datos y evidencia para separar las tendencias demográficas comprobadas de las interpretaciones políticas, culturales o ideológicas sobre sus causas.

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