Estudiantes de la Institución Educativa de Yatí recorrieron el Centro Penitenciario Camilo Torres, en Magangué, como parte de la campaña preventiva “Delinquir no paga”. La experiencia buscó mostrarles, sin discursos lejanos, las consecuencias que puede tener una mala decisión._
Hay lecciones que se escriben en un tablero y otras que se aprenden cuando la realidad se pone frente a los ojos. El pasado 13 de agosto, un grupo de estudiantes de la Institución Educativa de Yatí cambió por unas horas las aulas, los cuadernos y el sonido cotidiano del colegio por un escenario completamente distinto: los pasillos de un centro penitenciario.
No era una excursión cualquiera. Al llegar al Centro Penitenciario Camilo Torres, en Magangué, los jóvenes comenzaron a conocer una realidad que muchas veces parece distante: la vida detrás de las rejas y las consecuencias que puede traer la pérdida de la libertad.
La jornada hizo parte de la campaña preventiva “Delinquir no paga”, liderada por el Grupo Laboratorio de Seguridad Integral y Estabilización del Departamento de Policía Bolívar, en articulación con el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) y la Institución Educativa de Yatí.
La estrategia buscó que los estudiantes pudieran observar directamente las condiciones asociadas a la privación de la libertad. Más que hablarles sobre las consecuencias del delito, la intención fue acercarlos a una realidad capaz de provocar preguntas sobre el rumbo que pueden tomar sus vidas.
Durante el recorrido, cada puerta y cada espacio del establecimiento penitenciario se convirtieron en parte de una reflexión: afuera están la familia, los amigos, el estudio y la posibilidad de decidir qué hacer con el día; adentro, muchas de esas decisiones dejan de pertenecerle a quien está privado de la libertad.
Ese contraste fue precisamente el centro de la denominada estrategia de “terapia de choque”: mostrar que una decisión equivocada puede modificar un proyecto de vida y que detrás de una conducta delictiva existen consecuencias personales, familiares y sociales.
La jornada también permitió insistir en algo que suele parecer sencillo hasta que se pierde: la libertad. Poder regresar a casa, abrazar a los padres, compartir con los amigos, estudiar y construir sueños son posibilidades cotidianas que adquieren otra dimensión cuando se conocen las restricciones propias de un establecimiento penitenciario.
“Queremos que nuestros jóvenes comprendan que cada decisión tiene consecuencias. La libertad, la familia y la educación son oportunidades que deben valorarse y protegerse. Nuestro propósito es acompañarlos para que construyan proyectos de vida alejados de la delincuencia y encuentren en el estudio un camino para alcanzar sus sueños”, señaló el coronel Diego Fernando Pinzón Poveda comandante Departamento Policía Bolívar.
La campaña también puso sobre la mesa la importancia de escuchar las orientaciones de padres, familiares, docentes y adultos responsables. No como una imposición, sino como parte de una red de apoyo que puede ayudar a los adolescentes a enfrentar momentos de presión, dificultades o decisiones capaces de cambiarles el futuro.
Al terminar el recorrido, los estudiantes regresaron a Yatí. Volvieron a sus hogares y a sus salones de clase, pero con una experiencia diferente en la memoria.
Porque quizá esa fue la enseñanza más importante de la jornada: la libertad muchas veces parece invisible mientras se tiene, pero basta conocer la vida detrás de una reja para entender cuánto vale.
“Delinquir no paga” dejó así una lección que difícilmente cabe en un cuaderno: el futuro también se construye con las decisiones que se toman hoy.








